
Qué triste es cuando los sueños mueren;
silenciosos e invisibles en la habitación a oscuras,
antes de que vean la luz y se hagan realidad.
Qué triste es verlos morir,
apagarse lentamente con los días,
cansados de esperar a que les salgan alas;
o verlos desangrarse al final del sendero de la noche,
suplicando que no los abandonemos.
Qué duro es despedirse
y asomarnos por última vez a sus ojos,
mientras la vida ruge y desespera al otro lado de la ventana.
Qué triste es decirles adiós y tener que seguir sin ellos,
más livianos, más vacíos.
*Crédito de la imagen: La muerte del arlequín (Pablo Picasso)
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